Hay libros que no te cambian la vida, pero te la rascan. “Tokio Blues (Norwegian Wood)” es uno de esos.
No hay giros imposibles, ni acción trepidante, ni discursos existenciales disfrazados de filosofía barata. Hay algo más jodido: realismo emocional. Y eso no todo el mundo lo aguanta.
Haruki Murakami escribe como si sus frases fueran canciones tristes en vinilo. La historia va de un chico japonés joven que lidia con la muerte, el amor, el sexo, la soledad, la incertidumbre… lo que viene siendo la vida sin filtros de Instagram.
A veces te parece que no pasa nada, pero lo sientes todo. Y ahí está el mérito. El dolor se cuela suave, casi sin que te des cuenta.
¿Lo mejor? La atmósfera. Ese Tokio de finales de los 60 lleno de lluvia, discos de los Beatles, estudiantes desencantados y mujeres con historias rotas.
¿Lo peor? Que si no estás en el momento vital adecuado, puede parecerte lento o incluso insulso. Este libro no es para todos, ni pretende serlo.
No es una obra maestra en el sentido técnico, pero sí un puñetazo silencioso para quienes saben lo que es sentirse vacío en medio de todo.
Si lo lees, hazlo despacio, con música de fondo y una taza de algo caliente. Y prepárate para sentirte rara cuando lo termines.
Porque cuando un libro te deja vacío y lleno a la vez, es que ha hecho lo suyo.
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